La Oasisidad de Baja California Sur
Actualizado: 8 sept
Agosto 2026 Video de Entrevista a la Doctora Micheline Cariño, Investigadora de la UABCS y Artículo realizado por Escucha BCS, medio de comunicación del Museo Intercultural de BCS
Palabras Clave: Biocultura | Humedales | Oasis | Oasisidad
Los oasis son la base de los asentamientos humanos contemporáneos en Baja California Sur. Desde los asentamientos misionales del siglo XVIII hasta los pueblos que hoy habitamos, la vida en nuestra península ha girado en torno a estos concentradores de vida entre sus canales de agua y su verdor en medio de la aridez de nuestro desierto peninsular.
Para quienes habitamos Baja California Sur es fundamental comprender qué son los sistema oasis que nos han contenido por muchos siglos, cuáles son sus raíces y cómo preservarlos, pues, el comprender la Oasisidad es una forma de comprender nuestra Sudcaliforniedad. Para profundizar en esto entrevistamos a la Dra. Micheline Cariño Olvera, historiadora ambiental de la UABCS y una de las mayores estudiosas de la historia de nuestros oasis sudcalifornianos, quien nos compartió el contexto profundo de estos ecosistemas que nos dan identidad, pues en esencia somos una "Península de Oasis".
Te invitamos a escuchar y observar la entrevista completa aquí:
En base a estudios realizados a lo largo de nuestra península, se identificó que existen 184 "oasis" en la península de Baja California, 171 se encuentran en nuestro estado, según el estudio del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Maya, Coria y Domínguez, 1997). Casi la mitad son oasis denominados "típicos", con aguas superficiales visibles, y el resto son oasis denominados "atípicos", con arroyos de temporal y mezquitales. Esta característica de nuestro estado nos confiere una geografía singular, pues vivimos en el territorio Oasiano más importante de México, por contener el mayor número de oasis del país en nuestro estado.
¿Cuál es la Diferencia entre Humedal y Oasis? Algo esencial a comprender es que todos los oasis son humedales y solo algunos humedales llegaron a convertirse en oasis. Los Humedales son zonas donde el agua es el principal factor que controla el ambiente, así como la vegetación y fauna asociadas. Existen de manera natural desde hace milenios. Un Oasis, en cambio, es lo que sucede cuando una cultura habita y transforma ese humedal.

La Dra. Micheline Cariño explicaba durante la entrevista que un oasis es un paisaje "biocultural", es decir, un espacio que las sociedades humanas transformaron a lo largo de muchos años para adaptar la naturaleza a sus necesidades culturales. Los humedales de nuestra península fueron sustento de los pueblos indígenas durante miles de años. Fue a partir del siglo XVIII, con la llegada de los misioneros jesuitas, cuando esos humedales se transformaron en "Sistemas Oasis" mediante la agricultura de riego, las terrazas de cultivo, las acequias y la introducción de especies como la palma datilera, el olivo, la vid y la higuera. El oasis abarca tanto la zona húmeda de las huertas, así como el secano (terreno de cultivo que no tiene sistema de riego artificial) circundante donde pastaba el ganado. Ambos espacios forman una sola unidad de vida que denominamos entonces "Oasis".

La Oasisidad :
Identidad nacida de los humedales del desierto
La Dra. Cariño acuñó el concepto de "Oasisidad" para nombrar la identidad territorial que floreció en estos espacios. La Oasisidad es la cultura de la naturaleza que forjó la vida de los rancheros sudcalifornianos a través de los siglos, la forma de habitar nuestro territorio que hizo de la adaptación al aislamiento y a la aridez, el fin último de su sabiduría.

Esta Neobioculturalidad nació de la síntesis de dos herencias. Los rancheros tomaron del conocimiento milenario del territorio de los pueblos indígenas (Guaycuras, Pericúes y Cochimíes), el aprovechamiento variado de la flora silvestre, el manejo del espacio amplio y el respeto por los límites de cada aguaje. De la tradición occidental y mediterránea heredaron la agricultura de riego, las huertas estratificadas y la ganadería. Al fundirse ambas, se generó un sincretismo y surgió una cultura propia, capaz de vivir
bien con lo que el territorio ofrecía.

La Oasisidad se sostiene en tres principios:
AUTOSUFICIENCIA Producir localmente lo necesario para vivir, ante un aislamiento que volvía escasos y esporádicos los contactos con el exterior.
AUSTERIDAD Reconocer los límites que impone la fragilidad de los oasis y la rigurosidad del desierto, y vivir dentro de ellos.
APROVECHAMIENTO INTEGRAL Usar de manera completa y racional los recursos disponibles, conociendo y respetando la capacidad de carga de los ecosistemas.
Estos tres principios fueron una intuición de sustentabilidad practicada durante siglos, mucho antes de que la palabra existiera. Ahí radica el valor que contiene la palabra "Oasisidad" como patrimonio sudcaliforniano, es una palabra que cohesiona la sabiduría autóctona, avalada por generaciones de unión de saberes, que puede orientar como raíz el rumbo de nuestra región de Baja California Sur hacia un futuro más sustentable.

Raíces de los Oasis Los oasis sudcalifornianos pertenecen a una tradición mucho más antigua que la llegada de los españoles a México. La agricultura estratificada, los sistemas de riego por acequias y las especies mismas que hoy crecen en nuestras huertas viajaron desde los oasis del mundo antiguo. Los misioneros jesuitas trajeron ese conocimiento desde España, donde a su vez había llegado a través de la cultura árabe, que lo perfeccionó durante siglos en el norte de África y el Medio Oriente. La palma datilera, el granado, la higuera, el olivo y la vid recorrieron ese largo camino hasta llegar aquí.

Un ejemplo representativo actualmente de esa raíz es el oasis de Tinghir, en el sur de Marruecos, un palmeral que se extiende unos treinta kilómetros a lo largo del río Todra, entre el Alto Atlas y el desierto del Sáhara. Ahí se practica la misma agricultura estratificada que conocemos en nuestras huertas, en el que el dosel de palmas datileras protege del sol a los frutales del nivel medio, como granados e higueras, y debajo se siembran cereales, alfalfa y hortalizas. Su sistema Oasis sigue muy activo y en producción, con familias cultivando la tierra y el agua corriendo por los canales de riego. La enseñanza mayor del oasis de Tinghir está en cómo organizan el espacio, en el que los cultivos ocupan prioritariamente la zona húmeda del palmeral, y las viviendas, construidas en adobe y agrupadas en recintos llamados "ksour", se ubican en las orillas, fuera del área cultivable. El recorrido del agua determina sobre el trazado del asentamiento. Donde el agua llega se siembra y donde no llega, se construyen los hogares.

Marruecos ha llevado esta comprensión vital a sus estatutos de política pública. Cuenta con una Estrategia para el desarrollo integrado y sostenible de las zonas de oasis, y desde 2008 con una Agencia Nacional para el Desarrollo de las Zonas de Oasis, que emprendió un programa de plantación de tres millones de palmeras cumplido en 2019. Detrás de ese esfuerzo hay una cifra que debería hacernos reflexionar, durante el último siglo, Marruecos perdió dos tercios de sus catorce millones de palmeras. Reconocer el problema como sociedad y dedicarle una institución propia fue su manera de tomar acción.


Esta noción observada del ordenamiento en los Oasis de Marruecos, se ha ido perdiendo en muchos oasis de Baja California Sur. El diseño de "Planes de Desarrollo Urbano" que permiten construir dentro de la zona húmeda, genera que se invadan las mejores tierras de cultivo, se interrumpen o se desvían los cauces y las acequias, y se compromete la función misma que da vida al sistema Oasis. Recuperar el entendimiento de habitar en las orillas y cultivar en el humedal es una decisión de ordenamiento territorial que aún está a nuestro alcance corregir, debemos detenernos un momento a mirar nuestra región. En ese sentido quisieramos detenernos a observar el Oasis de Todos Santos.


Todos Santos , uno de los Oasis clave en Baja California Sur
Dentro de nuestra Península, el oasis de Todos Santos concentra en su historia todas las etapas de la vida oasiana sudcaliforniana. Su humedal fue aprovechado por alrededor de 7000 años por los pueblos indígenas de la región, que llegaban a sus manantiales como parte de sus recorridos por el territorio. Hallazgos arqueológicos hablan de la existencia de una sociedad identificada como la "Cultura de las Palmas", nombrada así por el tipo de entierros secundarios que realizaban usando la palma, encontrados en zonas cercanas a Todos Santos.

Más tarde, a la llegada de los misioneros, quedó registro del encuentro con un subgrupo lingüístico de los guaycuras, llamados "huchitíes", que habitaban en los alrededores del humedal. En 1723, el padre Jaime Bravo comenzó el establecimiento de un pueblo de visita, atraído por la abundancia de agua y la fertilidad de la tierra, condiciones excepcionales en la geografía peninsular. Con la misión llegó la transformación del humedal en oasis, con el trazado de las acequias, las huertas y sus cultivos traídos de tierras lejanas para generar frutos en abundancia y sostener la vida de sus habitantes.

Durante casi tres siglos, las huertas de Todos Santos figuraron entre las más prósperas de toda la península. El cultivo estratificado y el riego por acequias aprovecharon el agua al máximo y cuidaron el suelo, sosteniendo generaciones enteras con cañas de azúcar, cítricos, mangos y las conservas que dieron fama al pueblo. El agua se administraba como un bien común, con un reglamento propio que se llamo "Reglamento de Aguas de Todos Santos" que se publicó el 20 de diciembre de 1878, en el que se pactaban turnos de riego y trabajo comunitario para mantener las acequias, incluso se nombraba a un Vigilante del sistema de Riego. Este manejo colectivo del agua es una de las herencias más valiosas de nuestra historia.
Se comparte a continuación unas tablas obtenidas del libro "Oasis Sudcalifornianos" - Para un rescate de la sustentabilidad local" - Micheline Cariño y Antonio Ortega (eds.) en las que se muestra el resultado obtenido de una investigación sobre la Presencia/Ausencia de especies de cultivos Perennes en los Oasis, que se desarrollo durante 2010-2011, en la que Todos Santos fue uno de los lugares que mostraron tener el mayor número de especies totales.
La Columna de Todos Santos tiene las siglas TS
El siglo XX trajo cambios acelerados al oasis. La agricultura tecnificada, el crecimiento turístico y la especulación inmobiliaria transformaron el uso del suelo y del agua. Muchas huertas cedieron su lugar a otros usos, el sistema de acequias decayó por falta de atención y el acuífero que da vida al oasis enfrenta hoy presiones por quienes desconocen sus circunstancias. Aún ante esto, en Todos Santos se ha mantenido cultivando una comunidad diversa de actores de la preservación, tal como organizaciones sociales, grupos de protección de especies, especialistas en protección ambiental que buscan concientizar a las nuevas generaciones y una comunidad que ha participado en organizarse en momentos decisivos, como la llamada a la defensa de la Sierra de La Laguna frente a los proyectos de megaminería tóxica.

Hay además una razón que vuelve a nuestra región de oasis un punto clave para todo el estado: nuestra ubicación. Todos Santos y El Pescadero como ecosistemas de cultivo se encuentran a medio camino entre las ciudades de La Paz y Los Cabos, las dos concentraciones urbanas más grandes de Baja California Sur. Eso coloca en nuestra región oasis una potencial enorme de influencia como presencia permanente y cercana de un ecosistema agrícola que muestra cómo podemos vivir en integración con lo natural, buscando el balance ecosistémico, preservando la biocultura, inclinándo sus proyectos hacia el turismo cultural comunitario y continuar promoviendo la vida en comunidad.

Aún cuando estudios recientes mencionan que Todos Santos ha perdido más de la mitad de sus espacios agrícolas, si se unen esfuerzos con El Pescadero, que tiene un área similar o más grande de áreas agrícolas, la región tiene todos los aspectos para consolidarse como el corazón de la biocultura de nuestro estado, pues, es un lugar accesible donde la oasisidad se puede observar y experimentar, ya que aún tenemos los espacios para huertas en el centro de la población que son el corazón de los oasis. Preservar y promover en la región los conocimientos de los sistemas oasis, significa sostener uno de los mayores puntos de defensa de la Oasisidad Sudcaliforniana, lo que generaría un mayor potencial de inspirar a La Paz y a Los Cabos para que retomen el valor de su presencia y preservación como una prioridad en el desarrollo de nuestro estado.
La manera en que nombramos
nuestros asentamientos es Trascendente
En la actualidad observamos un distanciamiento del concepto oasis en la manera en que se describen dichas regiones. Incluso en el lenguaje turístico, solemos mencionarlos con la inmediatez de llamarles pueblos, cuando como comunidad, el retomar la raíz de llamar oasis a los asentamientos que se desarrollaron como tales, es algo importante para mantener la memoria de vocación del lugar, tal como mencionó la Dra. Micheline durante la entrevista.

Nombrar nuestros oasis mantiene viva una cohesión y una visión que nos ayudan a tener como base los principios y valores sociales de la oasisidad, esos que en última consecuencia tienden a definir qué proyectos y qué acciones en pos de un desarrollo o preservación se permiten en dichas regiones de nuestro estado. Llamar Oasis antes que "Pueblo" a dichos lugares, es una manera de hacer perdurar nuestra esencia, así, quien nos visite y quien desee formar parte de nuestra comunidad, tendrá a bien integrarse a un pensamiento raíz, que parte del fundamento de nuestro patrimonio biocultural más entrañable.
Propuestas de la Comunidad
La historia esencial de nuestros oasis nos demuestra que su permanencia depende de las decisiones que tomemos como comunidad. El agua, la tierra y el paisaje que heredamos fueron construidos y cuidados por generaciones que durante su vida buscaron vivir dentro de los límites que permite nuestro territorio. Hoy es nuestro turno de decidir cómo continuar esa herencia.
En Escucha BCS hemos recopilado propuestas de especialistas de la región que han dedicado décadas al estudio de nuestros oasis, en este caso del trabajo de la Dra. Cariño y de la Red Interdisciplinaria para el Desarrollo Integral y Sostenible de los Oasis Sudcalifornianos (RIDISOS). Las presentamos aquí para la reflexión colectiva.
Tu voz y tu voto suman a una reflexión comunitaria más amplia, donde todos participamos en las situaciones de nuestra región y podamos así como habitantes ayudarnos a dirigir esfuerzos y acciones grupales en pos de lo común que contiene a nuestras comunidades.
Debajo podrás leer las propuestas y votar por la que consideres más urgente para nuestros oasis:
Narremos juntos nuestro presente. Tu voto también es parte importante de la narrativa:
Propuestas para la permanencia de nuestros Oasis. Vota por la que consideres más urgente:
1. Manejo ecohidrológico del agua oasiana
2. Decisiones con las comunidades, dentro de los límites del
3. Protección legal y áreas de conservación
4. Agricultura orgánica y de especies nativas en los oasis
Para añadir al camino del Aprendizaje, te compartimos más enlaces donde puedes conocer más sobre la interconexión de los sistemas Oasis, los personajes que habitan en ellos y que en su conjunto conforman nuestra Oasisidad Sudcaliforniana:
🔗 Dra. Micheline Cariño Enlace a su Reseña Curricular en el sitio web de la UABCS.
🔗 Atlas participativo de la riqueza biocultural de Baja California Sur · Proyecto reciente coordinado por la Dra. Micheline Cariño, de acceso libre, que reúne las voces y saberes de las comunidades sudcalifornianas y su biocultura.
🔗 Entrevista completa con la Dra. Micheline Cariño en nuestro canal de YouTube.
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